Terrorismo de Estado: dejemos de apoyar a la tiranía y caerá

Chile debe derrocar la tiranía del neoliberalismo dejando de apoyar a todos los actores políticos que defendieron la dictadura que impuso este sistema y a quienes siguieron administrando el modelo como lo hicieron los gobiernos de la concertación y la Nueva mayoría.

A comienzos de esta semana nuestro país fue testigo como los estudiantes secundarios lideraron las evasiones masivas en el metro, consecuencia de la alza del precio del pasaje de este transporte público. No solamente es el alza de la tarifa del metro, sino las  alzas constantes de los alimentos, de la luz, del robo del agua, etc., los precios aumentan  pero no suben los sueldos.  El Estado de nuestro país es dirigido  por la ortodoxia neoliberal, por la prepotencia de un gobierno compuesto por actores políticos que apoyaron y justificaron una dictadura.

El Estado Chileno,  no es soberano en el pueblo, es soberano en el grupo de quienes nos gobiernan. Actualmente nos gobiernan los peores:   anti-demócratas, corruptos, conservadores y los serviles del  gran empresariado obsceno que concentra alrededor del 27% de la riqueza de nuestro país.  

¿Con qué ética y moral el impresentable  presidente de la República de Chile  condena a los evasores? en lugar de analizar, comprender y solucionar  las causas del profundo malestar social  amenaza con la ley de seguridad del Estado, es decir, con represión .

Piñera, que encarna la sinvergüenzura, es el primer evasor a gran escala de nuestro país: compra de empresas zombis para evadir impuestos, evade contribuciones por 30 años y envia su fortuna a paraísos fiscales para no pagar impuestos. 

El neoliberalismo a nivel mundial está haciendo agua por todas partes. Este sistema económico en Chile se nutre de las injusticias sociales, de la ignorancia de los serviles voluntarios, de la depredación de la naturaleza y del extractivismo de recursos naturales para enriquecer a un porcentaje ínfimo de la población. Quienes se benefician en aras de este modelo son depravadamente codiciosos  y egoístas. 

Chile tal vez  despertó definitivamente, vio en Ecuador un ejemplo de como un pueblo debe luchar junto contra la tiranía empresarial y política que ya no se sustenta en la democracia por y para el pueblo sino en instituciones armadas podridamente corruptas como son carabineros y los  militares. 

Quítenle el apoyo masivo y el tirano caerá pregona  Etienne de la Boétie (1530-1563)  en el gran clásico de filosofía política «La servidumbre voluntaria« publicado en Francia en 1576 después de su muerte en 1563. Etienne exclama: «Sé decidido a no ser más sirvientes y serás libre». No se requiere ninguna otra hazaña que dejar de apoyar a la tiranía. Quita tu apoyo, y el coloso pierde su posición y se caerá. La resistencia pasiva hará el trabajo.

La búsqueda de la anarquía no debe venir por el fuego y la rabia. El tirano no necesita ser derrocado de su trono por otro hombre que luego se convertirá en el nuevo opresor después de su victoria sobre el antiguo déspota. A lo largo de la historia, la consecuencia del violento ataque contra la tiranía ha sido que los líderes de la insurrección vaciaron el trono solo para ocuparlo. Las conspiraciones para acabar con los tiranos tienden a ser contraproducentes y empeoran las cosas. La insurgencia no es el camino de la libertad.

Para acabar con la tiranía del Estado, la gente debe dejar de aceptar la servidumbre. No necesitan quitarle nada al tirano, pero deben dejar de ceder al poder. Para salir de la tiranía, los seres humanos no necesitan cambiar la esencia de su naturaleza. Tienen que deshacerse de lo que dificulta el avance individual. Cuando el tirano ya no recibe obediencia y la gente ya no obedece sus órdenes, el gobernante permanece desnudo, sin poder y está desarmado de los instrumentos de su dominio.

Para concluir, Chile debe derrocar la tiranía del neoliberalismo dejando de apoyar a todos los actores políticos que defendieron la dictadura que impuso este sistema y a quienes siguieron administrando el modelo como lo hicieron los gobiernos de la concertación y la nueva mayoría. En paralelo y con mayor fuerza, exigir una asamblea constituyente para redactar y tener por primera vez en nuestra historia una Constitución legítimamente soberana en el pueblo de Chile.