Un misterio llamado Pamela Jiles

Publicado Mayo 04, 2021
Un misterio llamado Pamela Jiles
Cuerpo
Pamela Jiles es la única figura que no teme el sambenito de “populista” al que huyen los políticos de seudo-izquierda. En esencia es así, si entendemos populismo como empuñar las banderas del pueblo, de los pobres del campo y la ciudad. Cosa distinta es la demagogia que practican los políticos institucionales para engañar electores con promesas que jamás cumplen.

Hay personas que gozan de popularidad pero a la vez son muy desconocidas. Esto sucede con la diputada Pamela Jiles, la figura política mejor evaluada en las encuestas y por tanto potencial candidata a la Presidencia de la República. Criticada –y a veces, insultada- por ambos flancos políticos, las iniciativas “populistas” que promueve la “abuela” en favor de sus “nietitos” se aprueban por amplia mayoría en el Congreso y doblan la mano al Tribunal Constitucional y al Gobierno, esos coraceros artillados del neoliberalismo.

Soy de los que creen que, en general, el ser humano es la continuidad de sus raíces. Prolongamos lo esencial de los valores de nuestros ancestros. Pamela Jiles Moreno (60, periodista, cuatro hijos, dos propios y dos adoptivos) se cultivó en un terreno que legitimaba el matriarcado, de allí su personaje: la “abuela”. Su propia abuela, doña Elena Caffarena Morice (1903-2003), fue una de las figuras más respetadas de la Izquierda chilena de su tiempo. Cuando cumplió cien años, Pamela escribió en Punto Final: “A veces le echo la culpa por inculcarnos esta tendencia a meternos en problemas o, como ella dice, a ‘enderezar curcunchos’ y obsesionarse preferentemente con las camisas de once varas, cuando estas valen la pena” (1).

Doña Elena Caffarena, abogada, fue fundadora y activista del histórico Movimiento Pro Emancipación de la Mujer de Chile (MEMCH), que en 1935 inició la lucha por el derecho a voto de las mujeres. Junto a ella destacaron mujeres de similar talante como Amanda Labarca, Marta Vergara, Graciela Mandujano, Delia Rouge y Olga Poblete, esta última fundadora del Liceo Manuel de Salas y destacada figura internacional en defensa de la paz y los derechos humanos. (Olga Poblete (1908-1999) publicó numerosos artículos en Punto Final en los años 90 compartiendo con los lectores sus valiosos recuerdos de la lucha feminista en Chile).

Elena Caffarena participó en 1980 en la creación del Comité de Derechos del Pueblo (Codepu), que enfrentó a la tiranía de militarotes y caimanes de las finanzas. En los 90 tuvimos el honor de contarla entre los colaboradores de Punto Final. Escribió documentados artículos sobre el divorcio, el derecho al aborto y otros temas del feminismo. 

Doña Elena no fue militante de partido pero sí su marido, el abogado Jorge Jiles Pizarro, miembro de la comisión política del Partido Comunista. Conocí a ambos en la oficina que compartían con el abogado Alejandro Pérez Arancibia, ex militante del PC, miembro del consejo de redacción de PF. Jiles participó en diversas misiones del PC, entre ellas la coordinación del viaje del Winnipeg que en septiembre de 1939 trajo a Chile a dos mil refugiados de la guerra civil española.

Doña Elena heredó una fortuna: era hija del inmigrante italiano Blas Caffarena Chiozza, fundador de la industria textil que lleva su nombre. También tuvo nexos con la “familia militar”: fue tía de los generales Ricardo Izurieta Caffarena y Oscar Izurieta Molina, ambos ex comandantes en jefe del ejército, y del general Pelayo Izurieta Molina.

La pareja Jiles-Caffarena tuvo tres hijos. Uno de ellos, Jorge, padre de Pamela, comunista, fue enviado a Cuba por su partido a inicios de la revolución. Un grupo numeroso de profesionales, entre ellos economistas que trabajaron con el Comandante Ernesto Che Guevara, como Alberto Martínez, Albán Lataste, Ciro Oyarzún, Jaime Barrios (que más tarde participó en la fundación de Punto Final y fue gerente general del Banco Central en el gobierno del Presidente Allende, combatió en La Moneda el 11 de septiembre y fue torturado y asesinado por la soldadesca en trance de barbarie).

Pamela Jiles llegó a La Habana en brazos de su madre, María Moreno Calderara, hija del diputado comunista Adolfo Moreno, y regresó a Chile cuando tenía 6 años. Estudió en el Liceo Manuel de Salas y periodismo en la Universidad Católica. Se inició temprano en la lucha contra la dictadura. A los 16 años fue secuestrada y vejada por agentes del régimen. Se hizo militante del clandestino Partido Comunista que enseguida la destinó a su brazo armado, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez. En las filas del FPMR conoció a su actual pareja, Pablo Maltés.

Los lazos afectivos y políticos de Pamela Jiles con Cuba no se interrumpieron. Viajó varias veces a la isla y allá en 1987 se casó con Gastón Muñoz Briones, miembro del comité central del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Chile, fallecido el 2017.

No sé de críticas de Pamela Jiles a Cuba y su revolución. Tampoco al proceso independentista de Venezuela. Es importante tomarlo en cuenta porque las puñaladas traperas a Cuba y Venezuela constituyen el pasaporte al éxito político y económico de muchos conversos de la Izquierda chilena.

Como periodista tengo también mucho respeto por el trabajo de Pamela durante la dictadura en revistas como ApsiSolidaridadAnálisis y el diario Fortín Mapocho , como asimismo en programas periodísticos de televisión en los primeros años de la transición.

Pamela Jiles renunció al PC el 2006 pero no a su militancia en la Izquierda. Mantiene una política de principios y dispara desde la trinchera que ella misma construyó. La zapadora ideológica fustiga y humilla a la minoría oligárquica, se ríe de prejuicios y sectarismos y pisotea -con tacos aguja- la institucionalidad moribunda. La “abuela” regalonea a sus “nietitos” con lluvias de billetes destripando las arcas de las AFP. Se trata de un procedimiento irracional: los trabajadores ponen a salvo la economía capitalista. Más de 60 mil millones de dólares de ahorros previsionales se inyectan a la vena del consumismo que pone en marcha el aparato productivo y comercial. Al unísono corren tiempos de vacas gordas para la cúpula capitalista. Sus fortunas -¡milagro, milagro!- crecen vertiginosamente. Los magnate derrotan la crisis y se burlan de la peste del covid-19. Pero nada de esto importa a las masas que padecen hambre y carecen de organización para tomar al asalto su derecho a la justicia social.

Pamela Jiles presiona una tecla de agitación social y de acción política que sus competidores no tienen el talento ni las agallas de utilizar. Es una líder de masas desorganizadas que ha convertido la farándula en herramienta para poner en marcha un movimiento heterogéneo y pluriclasista del pobrerío y de las capas medias castigadas por el neoliberalismo y la traición de la casta política. Su protagonismo, que sonroja a la pacatería política, está haciendo fermentar la rebeldía, las furias igualitarias y los sueños de dignidad acumulados en el vientre de la sociedad. Los factores de revolución que asoman en la actual crisis hacen temblar a la oligarquía. Sus bomberos políticos intentan apagar el incendio desviándolo hacia el barranco insondable de la institucionalidad.

La pareja de Pamela define muy bien la fusión farándula-política que ella ha logrado. “Es la sátira del poder”, dice Maltés, ex militante comunista y del FPMR, convertido hoy en “abuelo” de millones. Es cierto, no hay nada más efectivo que la sátira y el humor para horadar los muros de hormigón que protegen a la oligarquía.

Pamela Jiles es la única figura que no teme el sambenito de “populista” al que huyen los políticos de seudo-izquierda. En esencia es así, si entendemos populismo como empuñar las banderas del pueblo, de los pobres del campo y la ciudad. Cosa distinta es la demagogia que practican los políticos institucionales para engañar electores con promesas que jamás cumplen.

Ojalá Pamela Jiles, convertida en líder de masas, no sufra el mal de altura tan frecuente en nuestra tradición. El soroche político es mortal. ¿Qué hará la “abuela” con millones de “nietitos” que esperan su palabra? Hasta ahora es un misterio. Espero que sus decisiones ofrezcan los rasgos de la impronta moral e ideológica de sus ancestros y la sabiduría de su propia experiencia política.

 

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