Publicado Julio 13, 2021
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Por Cristián Martínez Arriagada en Prensa OPAL 

¿Usted condena la violencia?
Cuerpo
El periodismo chileno, el “periodismo de los rostros de TV” que ganan millones, es chabacano, burdo y extremadamente politizado. Son el brazo armado de los grandes medios y de los empresarios millonarios que los sostienen. No muestran ni un mínimo de pudor a la hora de “desinformar”.

Hace pocos días, en Puerto Príncipe la capital de Haití, fue asesinado con doce tiros el presidente Jovenel Möise. Muchos presumieron que el crimen había sido perpetrado por una de las tantas bandas del crimen organizado que asolan al país, sin embargo, el caso dio un giro cuando se arrestaron a una docena de paramilitares colombianos involucrados en el magnicidio. La pregunta que circula es ¿qué hacía ese grupo de paramilitares de ultraderecha ahí? ¿Quién los contrató para el crimen? ¿Está involucrado Duque en esto? Haití es un Estado fallido desde hace décadas y no ha logrado salir de su extrema pobreza, a pesar de las intervenciones militares de la ONU y de los cascos azules de las FFAA chilenas, o quizás, precisamente por lo mismo, pero para la prensa chilena aquella crisis política no existe, y es más útil prestar atención a unas marchas antigubernamentales que ocurren en Cuba, sobre todo si sirve para “sacar al pizarrón” al candidato presidencial comunista Daniel Jadue. El propio periodista Matías del Río, antes del último debate de las primarias de AprueboDignidad señaló, sin percatarse que su micrófono estaba encendido, que “ tengo miedo que no salga el tema Cuba con la potencia que requiere”.

Precisamente, al candidato Jadue lo llenaron de interrogatorios respecto a los DDHH en Cuba. “Señor candidato, ¿Usted condena la violencia?, le consultaba con vehemencia otra periodista. Al final de la jornada todo giró en torno a condenar la violencia en otro país. Sin embargo, esta misma prensa oficialista hace la vista gorda respecto de las violaciones a DDHH en Colombia, donde la polícía ha usado el mismo modus operandi de atacar a los ojos de los manifestantes. Otro tanto ocurre con la violencia que acontece en nuestro propio país. Ninguno de aquellos periodistas se ha expresado con vehemencia respecto del crimen del joven Pablo Marchant en Carahue. De hecho, el mismo Matías del Río confrontó a Jadue si condenaba la violencia en contra de las forestales, sin importarle que hubiera ocurrido la muerte de un joven por parte de carabineros.

El periodismo chileno, el “periodismo de los rostros de TV” que ganan millones, es chabacano, burdo y extremadamente politizado. Son el brazo armado de los grandes medios y de los empresarios millonarios que los sostienen. No muestran ni un mínimo de pudor a la hora de “desinformar”. La prensa, excepto dignas excepciones, está entrando en una espiral de anticomunismo, tanto así, que la discusión respecto del programa del candidato del Frente Amplio ha pasado casi desapercibido. Es como que han retomado el mismo patrón que utilizó El Mercurio en 1970 y los años posteriores.

Pensar que hay tantas cosas malas que condenar y rectificar en Chile, pero todos se quedan con el encabezado y el intento de dejar mal parado al candidato comunista. Podríamos partir por las violaciones a los DDHH cometidas por carabineros, de eso debieran hacerse cargo los candidatos de derecha, pero ninguno de ellos se quiere hacer cargo del cadáver politico de Piñera. También podríamos condenar las muertes de los niños y niñas del SENAME. Condenar el aumento de la pobreza, de los campamentos y las ollas comunes, otro funesto legado de Piñera. Condenar la contaminación ambiental y las zonas de sacrificio para que millonarios como Luksic aumenten sus fortunas. Condenar el monocultivo de los Matte y Angellini en el Wallmapu, y cómo fueron despojados por la fuerza los comuneros mapuches de sus tierras, a punta de militarizar todo el territorio con el aval de gobernantes de centroizquierda, como Michelle Bachelet.

Realmente, hay muchos tipos de violencia que condenar, por algo se produjo el Estallido Social, aunque hay constituyentes de derecha y otros, como Agustín Squella, que aún no logran dimensionar ni comprender el nivel de desesperación, de cólera de la sociedad chilena que llevó a muchos, a millones, a salir a protestar, e incluso a romper semáforos (qué cosa más terrible, cierto Mirna Schindler). Por eso es necesario condenar con fuerza a esa prensa obsecuente que trabaja para los poderes fácticos y para que nada cambie… porque eso también es violencia.

 

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