Portales
Felipe Portales

Sociólogo titulado en la Universidad Católica de Chile. Ha sido Visiting Scholar de la Universidad de Columbia (1984-1985); asesor de Derechos Humanos del Ministerio de Relaciones Exteriores (1994-1996); profesor de la Universidad de Chile en el Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI) y en el Área de Humanidades de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas. En esta última facultad actualmente es académico en la cátedra de Historia Contemporánea de Chile.

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Tanto El Diario Ilustrado, El Mercurio y La Nación aprobaron automáticamente la actuación de las autoridades y la matanza de obreros, culpando a estos últimos de todo lo sucedido.
Y los demás partidos de la coalición, junto con el PC, fueron muy débiles en el cuestionamiento del antidemocrático quórum. Tan débiles que, a poco andar, se olvidaron completamente de aquel y se integraron plenamente a la campaña plebiscitaria sin ningún cuestionamiento.
Desgraciadamente la realidad política, económica y social de los últimos 30 años nos demuestra, más allá de toda duda, que nos enfrentamos a dos derechas que han cogobernado en la práctica –más allá de sus discursos- consensualmente a Chile.
Esta es nuestra triste “democracia” post-dictadura que -¡luego de treinta años!- tiene a Chile todavía sometido a los grandes poderes económicos, políticos y militares fácticos.
¿Qué diría usted, si una coalición gobernante teóricamente de centro-izquierda, legitimara, consolidara y perfeccionara en la práctica un modelo neoliberal heredado de una feroz dictadura, con todas sus estructuras económico-sociales fundamentales?
¡Cómo se va a lograr legitimidad y estabilidad después del estallido social (que puede verse mucho más estimulado como efecto de la pandemia) con una Constitución al gusto de la derecha que impuso el “modelo chileno” a sangre y fuego, y que naturalmente usará su poder de veto para continuar imponiéndolo con alguno que otro “maquillaje”!.
Están quedando cada vez más claros los objetivos claramente antidemocráticos de las dos derechas con este mal llamado “proceso constituyente”. Y que si llegan a tener “éxito” con una “nueva” Constitució consensuada entre ellas, no tendrá mayor legitimidad que la que obtuvieron con su anterior Constitución consensuada en 2005.