Juan Pablo
Juan Pablo Cárdenas Squella

Periodista y profesor universitario de vasta trayectoria. En el 2005 recibió en premio nacional de Periodismo y, antes, la Pluma de Oro de la Libertad, otorgada por la Federación Mundial de la Prensa. También obtuvo el Premio Latinoamericano de Periodismo, la Houten Camara de Holanda (1989) entre otras múltiples distinciones nacionales y extranjeras. Forma parte de los sesenta periodistas del mundo considerados Héroes de la Libertad de Expresión, reconocimiento hecho por la Federación Internacional de Periodistas.

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¿No es para quedar aletargado, pesimista y negativo que en un año de pandemia el poderoso círculo de multimillonarios chilenos, que incluye a Piñera, no haya mostrado la más mínima disposición a desprenderse por una sola vez de un seis o siete por ciento de su extrema riqueza para salir al auxilio de sus compatriotas?
Ha llegado a ser tan lucrativo el negocio de la “representación popular”, que en los próximos comicios existen hasta nueve postulantes por cargo a elegir. Así como constituye un buen negocio mantener todo tipo de partidos y partiditos, sin base social alguna, a fin de mantenerse pegados a las ubres del poder....
Si no quisiera tanto a Izquia Siches, si yo no me acordara de sus ímpetus de justicia social y fuerte vocación médica, posiblemente estaría muy compungido por lo que acaba de hacer. Estaría completamente abatido por la sumatoria de decepciones políticas que Chile nos entrega constantemente.
Piñera y sus cómplices están abusando de la paciencia popular a la espera de terminar su período presidencial. El que no habría concluido, ciertamente, sin pandemia y luego de la enorme explosión social de finales del 2019 o sin acometer las más criminales violaciones de los Derechos Humanos con el consentimiento hipócrita de sus aparentes y rabiosos opositores.
Recibimos la imagen de que la violencia, el terrorismo de estado y la impunidad son loables si persiguen reafirmar la identidad patriótica y aplastar la necesaria readaptación histórica de las naciones. Y, por supuesto, si sirven para mantener ejércitos de zánganos para la conservación de lo que existe y en defensa de los ganadores del pasado.
Realmente, parece tarde ganarle ya a la delincuencia, cuando la corrupción, para colmo, está tan entronizada en los tribunales de justicia, las policías y las clases dirigentes.