Juan Pablo
Juan Pablo Cárdenas Squella

Periodista y profesor universitario de vasta trayectoria. En el 2005 recibió en premio nacional de Periodismo y, antes, la Pluma de Oro de la Libertad, otorgada por la Federación Mundial de la Prensa. También obtuvo el Premio Latinoamericano de Periodismo, la Houten Camara de Holanda (1989) entre otras múltiples distinciones nacionales y extranjeras. Forma parte de los sesenta periodistas del mundo considerados Héroes de la Libertad de Expresión, reconocimiento hecho por la Federación Internacional de Periodistas.

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Es muy poco probable que el nuevo Presidente pueda realmente dar paso a una “era nueva”, como se ha prometido y, salvo las consabidas fluctuaciones accionarias y del precio del dólar, todo indicaría que el país va a seguir gobernado por la clase política, como que el sacrosanto mercado seguirá siendo nuestro soberano. Con el aval de los gobernantes y de la casta militar o guardia pretoriana.
Chile debe implementar una nueva institucionalidad y definir cuestiones tan importantes como las atribuciones del Presidente de la República, los parlamentarios y de toda suerte de representantes políticos. Sin omitir decisiones importantes respecto del rol de nuestras Fuerzas Armadas y el acotamiento del número de sus efectivos y presupuestos multimillonarios. Se conoce el temor generalizado de la clase política ante las oficialidades castrenses que, cada vez que lo han querido, conspiran, dan golpes de estado y agreden brutalmente a la propia población nacional.
“El pueblo no se debe dejar acribillar”, dijo Allende antes de su muerte, pero al mismo tiempo advirtió que más temprano que tarde, se abrirían las grandes alamedas por donde pasen hombres y mujeres libres, para construir una sociedad mejor.
Fuera
Sería conveniente que el juicio del que salvaron varios de nuestros presidentes esta vez no incluya al gobernante actual y que, antes o después de su mandato, sea condenado ejemplarmente, al igual que otros mandatarios o dictadores del mundo. Para que así, Chile pueda recuperar su plena dignidad, porque los delitos cometidos por Piñera y otros que lo antecedieron han afectado la honra de nuestro Estado y, por cierto, de su supuesta democracia.
Los agresores de Iquique pertenecen más bien a la población más ignorante, vulnerable e incauta de país. La que todavía cree en las ilusiones sembradas por las AFP, las isapres, los políticos de las dos derechas que se han estado turnando en el poder después del Dictador.
Es iluso pensar que ante tanto postulante aumente sustantivamente la concurrencia a las urnas, a no ser que se reestablezca el sufragio obligatorio. Seguramente, se van a mantener o variar muy discretamente los altísimos índices de abstención, en un país que en el pasado hasta podía ufanarse del gran espíritu cívico de su población.