Luis casado
Luis Casado
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La mayor parte del financiamiento del gobierno civil se obtiene exprimiendo a los que menos tienen. El riquerío hace como Sebastián Piñera: se lleva la pasta a los paraísos fiscales sin pagar un centavo de impuestos.
Las declaraciones de la directora de la Dipres son una muestra fehaciente del grado de delicuescencia que ha alcanzado la cosa pública en Chile. Cualquier funcionario de paso –transeúntes burocráticos– se permite afirmar insensateces sabiendo que goza de la impunidad de los enfermos mentales: la Justicia se niega a juzgar a quien ha perdido la razón.
¿Cómo debatir de la libertad en ausencia de libertad? ¿Cómo aniquilar los resabios de la dictadura respetando los resabios de la dictadura? La degradación de la institucionalidad lleva al país a un albañal de cerdos, felices de flotar en residuos de cloaca...
Por mi parte, coincidencia feliz, al iniciar la redacción de esta nota me enteré, por la prensa, del fallecimiento del cura Karadima, gran pedófilo ante el Eterno, condenado en vida a gozar de las atenciones de decenas de monjas ocupadas de su bienestar y tranquilidad espiritual.
¿Cómo comprender si no que -después de evocar uno por uno todos los componentes de la costra política parasitaria, convenientemente engalanados con los perendengues de una supuesta reflexión de la que no hay noticias, asociada a la impotencia y el desgano.......?
La Declaración de 1793 estableció un límite al derecho a la propiedad. En mi Liceo de San Fernando me lo explicaron con manzanas: “El derecho de cada ciudadano se termina allí donde comienza el derecho del prójimo”. Por consiguiente, el derecho a la propiedad se termina allí donde su acumulación es dañina para el derecho de los demás.