Luis casado
Luis Casado
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¿Cómo comprender si no que -después de evocar uno por uno todos los componentes de la costra política parasitaria, convenientemente engalanados con los perendengues de una supuesta reflexión de la que no hay noticias, asociada a la impotencia y el desgano.......?
La Declaración de 1793 estableció un límite al derecho a la propiedad. En mi Liceo de San Fernando me lo explicaron con manzanas: “El derecho de cada ciudadano se termina allí donde comienza el derecho del prójimo”. Por consiguiente, el derecho a la propiedad se termina allí donde su acumulación es dañina para el derecho de los demás.
Me temo que cada candidato, al prestarse a este juego, le resta peso y fuerza a la única institución surgida del vientre de la sociedad chilena que dispone de credibidilidad y concentra lo que queda de esperanza popular: la Convención Constitucional.
EEUU tuvo como cuna el inmenso genocidio de los pueblos originarios: Apaches, Sioux, Cherokees, Cheyennes, Blackfeets, Arapahos, Navajos y muchos otros. Hay 574 tribus reconocidas por la ley federal, la mitad de las cuales viven en reservas, esos morideros de indios convenientemente aprovisionados en drogas, alcohol, juegos y otras manifestaciones de la civilización occidental.
Se trata de devolverle al pueblo de Chile la Soberanía arrebatada en dictadura, y a Chile su calidad de República. De devolverle a cada chileno y a cada chilena la dignidad que conviene a un pueblo con derechos. Hacer como si 17 millones de ciudadanos existiesen, contasen, y ejerciesen su voluntad de ser sujetos de su propio destino.
En un poco razonable arranque de optimismo me digo que la convención constitucional dejará de ocuparse de nimiedades. Que se transformará en Asamblea Constituyente, para ofrecernos a todos una Constitución y un país en el que la estabilidad se asiente en la justicia social.