Luis casado
Luis Casado
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Me temo que cada candidato, al prestarse a este juego, le resta peso y fuerza a la única institución surgida del vientre de la sociedad chilena que dispone de credibidilidad y concentra lo que queda de esperanza popular: la Convención Constitucional.
EEUU tuvo como cuna el inmenso genocidio de los pueblos originarios: Apaches, Sioux, Cherokees, Cheyennes, Blackfeets, Arapahos, Navajos y muchos otros. Hay 574 tribus reconocidas por la ley federal, la mitad de las cuales viven en reservas, esos morideros de indios convenientemente aprovisionados en drogas, alcohol, juegos y otras manifestaciones de la civilización occidental.
Se trata de devolverle al pueblo de Chile la Soberanía arrebatada en dictadura, y a Chile su calidad de República. De devolverle a cada chileno y a cada chilena la dignidad que conviene a un pueblo con derechos. Hacer como si 17 millones de ciudadanos existiesen, contasen, y ejerciesen su voluntad de ser sujetos de su propio destino.
En un poco razonable arranque de optimismo me digo que la convención constitucional dejará de ocuparse de nimiedades. Que se transformará en Asamblea Constituyente, para ofrecernos a todos una Constitución y un país en el que la estabilidad se asiente en la justicia social.
Transformada en la ‘madre de todas las batallas’, la elección del gobernador de la Región Metropolitana desnudó la triquiñuela. La alternativa era penosa: elegir entre una candidata ligada a Chile 21, antro financiado por la socialdemocracia internacional y SQM, y un recurrente operador de la costra política parasitaria, sonriente larbin del poder establecido.
La costra política parasitaria se pasó tan rotunda desautorización por los “Acuerdos por la paz y la democracia”, aprovechando el descomedido gesto para imponer otra fracción, la de los mencionados dos tercios, con la vana esperanza de bloquear todo lo que no satisficiese sus ansias de seguir mangando (mangar: robar, hurtar, saquear).