Marcel
Marcel Lhermitte

Consultor en comunicación política y campañas electorales. Periodista, licenciado en Ciencias de la Comunicación y magíster en Comunicación Política y gestión de Campañas Electorales. Ha asesorado a candidatos y colectivos progresistas en Uruguay, Chile, Francia y España fundamentalmente.

E-mail
marcellhermitte@gmail.com
Todo vale, también la manipulación utilizando estas acciones legales y valiéndose del desconocimiento de los consumidores de información, simples ciudadanos que desprevenidos caerán en estrategias políticas y comerciales, sin que ninguna normativa, nada ni nadie los ampare o los advierta de estas iniciativas, que no dejan de ser una estafa.
Es evidente también que el contenido político comienza a perder terreno ante esta política del espectáculo, al punto que ya es moneda corriente encontrarnos con políticos que intentan divertirnos en TikTok o en los mismos medios de comunicación –muchas veces en escenas notoriamente forzadas–, sin importar si hacen el ridículo o mellan su reputación.
Lo que sí es un hecho es que el nuevo proyecto constitucional emanará de las entrañas del pueblo chileno y que el articulado a presentar estará lejos de los postulados ideológicos que representa la administración de Piñera, y por ende más lejos aún del espíritu pinochetista de la actual carta magna.
La enseñanza parece clara, si las izquierdas del continente no generan espacios de diálogo y acuerdo con organizaciones sociales y colectivos progresistas que tengan ideas diferentes y no vota junta, los conservadores seguirán ganando terreno y gobernando pueblos en una región que cada día queda más inmersa en una crisis política, social, sanitaria y económica.
Las pésimas condiciones sanitarias que vive Chile –entre otras naciones de la región– y la nueva ola de contagios del covid-19 llevó a que los trasandinos decidieran postergar las elecciones, un hecho que no sucedía desde prácticamente el inicio de la pandemia, a comienzos de 2020
Los poderes fácticos amplificados por los grandes medios de comunicación impulsan su verdad, tratando de convertirla en el discurso hegemónico. Pero esa verdad, como decía el periodista polaco Ryszard Kapuscinski, en su libro Los cínicos no sirven para este oficio, por lo general difiere enormemente de la que vive la gran mayoría de las personas en sus vidas cotidianas.